Qué hace subir el precio
- Los procesos que cubre. Una pantalla para entrar pedidos no es lo mismo que el camino entero del pedido a la factura. Cuantos más pasos y excepciones tiene el proceso, más trabajo.
- Las integraciones. Cada sistema con el que tiene que hablar (el ERP, la tienda, el banco, el transportista, el correo) añade trabajo, y más si no tiene una API documentada.
- Los usuarios y los permisos. Una herramienta para tres personas de la oficina es más sencilla que un portal para clientes, con accesos, roles y datos que cada uno puede ver o no.
- Los datos que hay que llevar. Pasar años de histórico desde hojas de cálculo o desde un programa viejo suele costar más de lo que parece, porque primero hay que limpiarlos.
- Los requisitos de fuera: dónde tienen que estar los datos, qué disponibilidad hace falta y qué pide la normativa de vuestro sector.
Lo que casi no mueve el precio es lo que se ve primero: los colores, el logotipo o si es una web o «una app». El coste está en la lógica y en las conexiones.
Tres maneras de cobrarlo
- Por horas. El proveedor estima unas horas y factura las que hace. Es flexible, pero el riesgo es vuestro: si el proyecto se alarga, la factura también.
- A precio cerrado por funcionalidad. La propuesta dice qué hará el software, pieza por pieza, y qué cuesta cada pieza. Si se alarga, es cosa del proveedor; si queréis añadir algo nuevo, se presupuesta aparte antes de hacerlo.
- Con una cuota mensual. Algunos proveedores no cobran el desarrollo y lo recuperan con una cuota larga. Mirad bien qué pasa el día que la queréis dejar de pagar: si el software es vuestro o si lo perdéis.
Lo que no sale en el presupuesto
- El alojamiento: dónde vivirá el software y quién lo paga cada mes.
- El mantenimiento: actualizaciones de seguridad, copias, vigilancia y quién responde si una noche deja de funcionar.
- Los cambios pequeños de después: el campo que falta, el informe nuevo. Preguntad cómo se cobran antes de firmar.
- Los servicios de terceros que se pagan por uso: correo, mapas, pagos o IA.
- El tiempo de vuestro equipo: alguien tiene que explicar el proceso, probar cada entrega y dar el visto bueno.
Cómo pedir un precio que no se mueva
- Explicad el problema, no la solución: qué os hace perder horas hoy y qué querríais que pasara.
- Pedid ver algo funcionando antes del precio: un prototipo con vuestros datos dice más que cualquier documento.
- Pedid la propuesta por funcionalidad, con lo que entra y lo que no entra por escrito.
- Preguntad qué costarán el mantenimiento y el alojamiento, y si hay permanencia.
- Aseguraos de que el código, el dominio y las cuentas quedarán a nombre de vuestra empresa.